CÓMO EDUCAR LAS
EMOCIONES
Norberto Cuartero Requejo
La educación emocional es un tema,
en principio, complejo. Por ello vamos a estructurar esta charla en varios
niveles: en primer lugar nos referiremos a lo que significa EDUCACIÓN, luego
haremos algunas consideraciones sobre la PERSONALIDAD y la CONDUCTA, a
continuación consideraremos la INTELIGENCIA EMOCIONAL y, finalmente,
iniciaremos el recorrido por las EMOCIONES.
1
La educación
Para conocer el fenómeno educativo con precisión
atenderemos, simultáneamente, a los significados vulgar y etimológico de la
educación.
En el primer caso, la educación se concibe como “una cualidad adquirida, en virtud de
la cual una persona se adapta en sus modales externos a determinados usos
sociales”. Esta
apreciación se ve reforzada por la relación que tiene educación con urbanidad
(grupo social de la urbe frente al hombre aislado del campo) y cortesía
(modo de tratar los que viven en la corte), de ahí que, con
frecuencia, interpretemos que «una
persona educada» es aquella que sabe comportarse con urbanidad, cortésmente.
Desde este punto de vista la educación la concebimos como algo adquirido por
influjo externo, es decir, como el “resultado
de un proceso que termina en la posesión de determinadas formas de comportamiento
social”. Este aspecto
externo le confiere a la educación un carácter superficial. Así, vulgarmente decimos que es “un niño bien
educado” a aquel que es capaz de saludar, que tal vez utiliza formas de
cortesía correctas o refinadas, y hablamos de “una persona educada”
refiriéndonos a la que externamente se comporta con corrección, aunque esta
persona sea malvada en su interior, o que ese niño sea un caprichoso incapaz de
dominarse.
Etimológicamente educar significa «conducir» (educare), llevar a una persona
de una situación a otra, y también, «sacar
de», «extraer» (educere), sacar algo de dentro de la persona. La noción etimológica nos
aporta dos aspectos nuevos: no se trata de un resultado, como en el concepto
vulgar, sino de un proceso
y no se queda en la mera superficialidad de lo vulgar, sino que hace referencia
a una interioridad, a la situación
interior de la persona.
El concepto vulgar de la educación
nos lleva a la perspectiva sociológica, la del influjo de la sociedad sobre la
persona, y el concepto etimológico nos plantea una noción individualista del
proceso educativo. Es decir, la educación es un fenómeno, en primer lugar, individual; pero después viene la
trascendencia o la manifestación social
de la educación. En ambos casos, la educación representa una modificación
de la persona; modificación que sólo tiene sentido si significa el
perfeccionamiento de la persona, el camino hacia la excelencia.
Por otra parte, la educación es acción
y es efecto. Y los efectos de toda acción se manifiestan en la aparición
de nuevos seres o nuevas formas. La educación no crea nuevos seres, actúa sobre
un ser que ya existe con anterioridad al proceso educativo; actúa sobre la
persona. Por consiguiente, los efectos del proceso educativo no están en la
aparición de nuevos seres, sino que están en la aparición de nuevas formas, de
nuevos modos de ser en la persona.
En resumen: la educación tiene por objeto
el perfeccionamiento intencional de las potencias específicamente humanas.
No obstante, el hecho de sintetizar en una definición lo que la educación es,
no debe hacernos olvidar la extraordinaria complejidad del proceso
educativo, dado qué alcanza a todas las manifestaciones de la vida humana.
Incluso se puede entender la educación como una forma de vida que prepara un
modo de vivir más perfecto. Esta complejidad se pone de manifiesto cuando
consideramos las distintas implicaciones de la educación, como son: la
educación personalizada que se ocupa
del desarrollo de la persona, la educación esencial
que procura la perfección de todas las manifestaciones de la naturaleza humana
y se ocupa de la actualización operativa de la cultura y la educación existencial que pretende la capacitación
para responder a todas las exigencias de la vida, es decir, la humanización de
la vida.
De
tal manera que conseguiríamos el desarrollo integral de la persona como
objetivo supremo gracias a la educación, pero según lo que acabamos de ver, la
educación se tiene que apoyar en un desarrollo cognitivo y en un desarrollo
emocional. Muchas veces sacrificamos uno en función del otro, y esa educación
empieza a cojear. Generalmente prestamos mucha atención a los desarrollos
cognitivos y no tenemos en cuenta el desarrollo emocional. Así pues, el desarrollo emocional es una de las bases fundamentales
de la educación.
DESARROLLO COGNITIVO +
DESARROLLO EMOCIONAL → EDUCACIÓN → DESARROLLO INTEGRAL DE LA PERSONA
2
Personalidad y conducta
Existen muchas
definiciones de personalidad. Por
ejemplo el profesor Rey Ardid se refiere a la personalidad como “el fondo
estructural y dinámico, perenne y propio de cada individuo en el que
intervienen como componentes principales, la constitución somática, los
instintos y las tendencias, la afectividad, la voluntad, la inteligencia, la
escala de valores y también, de modo indirecto pero evidente, todo aquello que
rodea al hombre”.
Esta definición es precisa, pero poco operativas
para el fin que nos proponemos aquí. Para manejar mejor este concepto vamos a
recurrir a un modelo proactivo que nos facilitará enormemente la comprensión
de los diferentes términos que vamos a ir empleando.

Las
personas pensamos (P) y sentimos (S) y los pensamientos y sentimientos no son
aspectos separados sino que van siempre unidos, se influyen mutuamente, es
decir, lo que pensamos en un momento determinado se asocia a determinados
sentimientos y viceversa (aunque con frecuencia no seamos conscientes de esta
correlación, sobre todo cuando las emociones son de baja intensidad).
Cuando desde el entorno recibimos un
estímulo real o virtual (situación, estado fisiológico o estado mental -fantasía, recuerdo,
grabación, sueño, ...-) se genera una respuesta. Ahora bien, esta
respuesta nunca es automática, no está condicionada de una forma directa por el
estímulo, es decir, entre ambos (E-R) hay una persona que decide la respuesta
que va a dar filtrando por un lado el estímulo que recibe y por otro lado la
respuesta que emite, o lo que es lo mismo, el estímulo invita pero no obliga. Es
cierto, que habrá muchas respuestas que serán automáticas porque serán
respuestas a estímulos poco relevantes, pero cuando los estímulos sean
importantes nos debemos plantear cuál es
la respuesta que queremos dar.
En este proceso juega un papal muy
importante, además de lo que pensamos y sentimos en ese momento, nuestro marco
de referencia, nuestras creencias (el concepto que cada uno de nosotros tiene
de nosotros mismos, de los demás, de la vida y del mundo), y ahí nunca
coincidimos dos personas, porque el marco de referencia lo elaboramos en
función de la relación entre lo que pensamos y sentimos, y de toda nuestra
experiencia vital. Ese marco de referencia lo hemos construido desde el día que
nacimos hasta hoy, y como consecuencia de eso, todos somos distintos. La
inmensa mayoría de los conflictos, son conflictos de marcos de referencia. Por
eso, para gestionar un conflicto, conviene analizar los marcos de referencia y
buscar lo que tienen en común esos marcos, en lugar de lo que se hace
habitualmente que es buscar las diferencias, porque al buscar las diferencias,
afianzamos posiciones y polarizamos el conflicto. En cambio si buscamos
posibles puntos de acuerdo y lo que tenemos en común, el conflicto puede
mejorar.
Este
marco de referencia actúa como un filtro, y filtra el estímulo y la respuesta. La
respuesta podrá ser objetiva (lo que decimos y/o hacemos) o subjetiva. La
respuesta objetiva es el comportamiento
o conducta. Y la personalidad es lo que pensamos, sentimos y hacemos y/o decimos.
Así pues, pensamiento (P), sentimiento (S) y conducta (C) se influyen
mutuamente, de tal manera que si se produce un cambio en cualquiera de ellos
automáticamente cambian los otros dos.

3
La Inteligencia Emocional
Un nuevo
concepto irrumpe con vigor y tambalea las categorías establecidas a propósito
de interpretar la conducta humana, y por ende de las ciencias que durante
siglos se han dedicado a desentrañarla, llámense Psicología, Pedagogía,
Sociología, Antropología, u otras.
En
más de una ocasión nos habremos preguntado que es lo que determina que algunas
personas, independientemente de su cultura, estrato social o historia personal,
reaccionen frente a problemas o desafíos de manera inteligente, creativa y
conciliadora. Nunca antes se había considerado incorporar en el análisis un concepto tanto o más importante
que el cociente intelectual (una medida de la Inteligencia Racional), como lo
es la Inteligencia Emocional.
¿Por qué algunas personas tienen más desarrollada que otras, una
habilidad especial que les permite relacionarse
bien con otros, aunque no sean las que más se destacan por su
inteligencia? ¿Por qué unos son más capaces que otros de enfrentar
contratiempos, o superar obstáculos y ver las dificultades de la vida de manera
diferente? El nuevo concepto que da
respuesta a ésta y otros interrogantes es la Inteligencia Emocional, la misma
que viene a ser una destreza que nos permite conocer y manejar nuestros propios sentimientos,
interpretar o enfrentar los sentimientos de los demás, sentirse satisfechos y
ser eficaces en la vida, a la vez que crear hábitos mentales que favorezcan
nuestra propia productividad.
Otras habilidades que caracterizan a la Inteligencia Emocional
son: suficiente motivación y persistencia en los proyectos, resistencia a las
frustraciones, controlar los impulsos, demorar la gratificación, regular el
humor, mostrar empatía y abrigar esperanzas.
Los seres humanos venimos a
este mundo con un libro de instrucciones incompleto. Por un lado traemos
escrito en los genes una serie de características que determinarán
algunos aspectos de nuestra vida, y por otro, será nuestra interacción con el ambiente,
interno y externo, la que completará esas informaciones de forma que cada uno
de nosotros sea único e irrepetible.
A lo largo de la historia
ha ido variando el peso que se atribuía respectivamente a la herencia y al
ambiente, de modo que, en el estudio que desde diversos puntos de vista se
hacía sobre el hombre, unas veces predominaba lo genético sobre lo ambiental y
otras veces al contrario.
Si nos referimos a la
inteligencia, racional y emocional, podríamos decir en términos generales, que
la Inteligencia Racional tiene más carga genética, está más influida por la
herencia y por tanto es menos modificable. En cambio, la Inteligencia Emocional
estaría más influida por el ambiente y
por tanto es más susceptible de ser modificada, tanto por nuestra propia
voluntad como por agentes exteriores a nosotros:
Los avances técnicos y científicos en neurología son relativamente
recientes y es ahora cuando empezamos a conocer el funcionamiento de nuestro
cerebro. Los datos neurobiológicos actuales empiezan a ser elocuentes y a demostrar
la importancia que tienen las emociones como condicionadoras de nuestro
comportamiento. Se ha pasado de un concepto cerrado e inmóvil, que hablaba de
la inteligencia como algo fijo e innato, la Inteligencia Racional, a otro mucho
más aperturista y moldeable, la Inteligencia Emocional.
Sabemos por
experiencia que los niños con una educación emocional positiva y estable,
muestran una capacidad intelectual más abierta y adecuada. Recordemos que, muy
a menudo, nuestras emociones pueden llegar a desbordar nuestra razón y hacernos
actuar de manera irracional. Es aquí donde surge la necesidad, y se aprecia la
gran importancia, de educarnos emocionalmente. Dotar de inteligencia a nuestros
sentimientos para afrontar la vida con equilibrio, humor, perseverancia y,
sobre todo, con capacidad para autoincentivarnos y encarar nuestras iniciativas
con entusiasmo.
Los comportamientos
violentos, la ira irracional, el miedo a relacionarnos con los demás
significan, de una forma u otra, fracaso personal. Adiestrar nuestras emociones
no quiere decir reprimirlas, significa dilucidar su conveniencia y adecuar su
posible expresión. Un comportamiento falto de Inteligencia Emocional puede
conducir a la destrucción de nuestras relaciones, afectar nuestra salud y
rendimiento e, incluso, provocarnos ansiedad y depresión. Saber canalizar
nuestros miedos y angustias nos permitirá disfrutar de las emociones que nos
provocan alegría. Con la Inteligencia Emocional podremos gozar de todo aquello
que sentimos, aprender de nuestras experiencias y llegar al autoconocimiento.
Por otra parte, las pruebas diseñadas para medir la inteligencia
cuantitativamente (coeficiente intelectual, CI, e inteligencia general, factor
G,) o cualitativamente (aptitudes, R-V-N-E-...) son herramientas que utilizamos
los educadores para orientar el contenido educativo que ofrecemos a nuestros
alumnos, teniendo en cuenta sus capacidades y limitaciones. Pero en la práctica
estos instrumentos resultan limitados porque no tienen en cuenta otros aspectos
importantes y complejos que encierran el cerebro y el comportamiento humano.
Por eso, no es raro encontrar personas con altas capacidades intelectuales que
no logran alcanzar los objetivos de éxito que otras personas, con capacidades
intelectuales mucho más bajas, consiguen con facilidad.
Así, cuando se habla de “fracaso escolar”
casi siempre se justifica aceptando la existencia de deficiencias escolares que
tienen que ver exclusivamente con la Inteligencia Racional (objetivos
inexistentes o mal definidos, desorganización, escasa comprensión, falta de
atención y concentración, lectura deficiente, excesiva memorización mecánica,
dificultad para razonar, etc.) y se intentan solucionar instruyendo a los
alumnos en técnicas de trabajo intelectual (TTI). Después de algunas sesiones
los alumnos son capaces de formular objetivos adecuados y de diseñar un buen
plan de trabajo, leen más deprisa y mejoran su comprensión lectura, conocen
técnicas para aumentar la capacidad de atención y para desarrollar la facultad
de memorizar, ..., y sin embargo, los resultados académicos no mejoran, en
general, como sería de esperar.
Esto se
debe a que los alumnos han aprendido el método (procedimiento que hay
que seguir) pero no dominan la técnica (habilidad en el uso del
procedimiento). Para dominar la técnica hay que practicar, practicar y
practicar, y para eso hay que estar motivado, ser consciente del estado actual
y valorar el estado deseado, tener expectativas realistas y control interno,
poseer habilidades sociales y capacidad de empatizar. La carencia de estas
competencias es el origen del analfabetismo emocional y social.

Para
desterrar el analfabetismo emocional y social, W. Kreider propuso la
construcción de una “escuela pacífica” que descansa en los siguientes
principios:
DESARMAR LA HISTORIA
“Hemos aprendido y hemos enseñado la
historia del poder. No la del saber. La de la guerra, no la de la cultura.
Historia jalonada de acontecimientos bélicos, con el fragor de las armas como
única banda sonora. Tenemos, pues, que cambiar. Sí, tenemos que aprender a
pagar el precio de la paz, como hemos tenido que pagar el precio de la guerra.
Sería útil y necesario establecer nuevas prioridades en la enseñanza de las
ciencias sociales”.
(Mayor Zaragoza, 1997)
EXPRESAR EMOCIONES
Aprender a expresar lo que se siente.
Especialmente el enfado, la rabia y la frustración.
Encauzándolos de forma no agresiva ni destructiva.
Aprender a autocontrolarse.
RESOLVER CONFLICTOS
Responder creativamente a los conflictos.
Se trata de evitarlos, y cuando no sea posible, de darles solución sin
acudir a la violencia.
Hasta ahora, gran parte de los
esfuerzos educativos se han centrado en el desarrollo intelectual. Sin embargo,
si queremos contribuir al desarrollo integral de la persona, si queremos educar
para la vida, no podemos dejar de lado la educación emocional.
El desarrollo emocional afecta al
individuo desde el punto de vista:
Personal:
Conocimiento y desarrollo de las
propias emociones.
Capacidad para controlarlas.
Fomento de actitudes positivas.
Rendimiento académico.
...
Social:
Relaciones interpersonales.
Capacidad para hacer amistades.
Clima de clase.
Capacidad empática.
...
Y, además, tiene un claro efecto
preventivo sobre:
El estrés.
La depresión.
El consumo de drogas.
La violencia.
Los trastornos alimenticios.
...
Pascal escribió en cierta ocasión
que “nada es más poderoso que una idea cuyo tiempo ha llegado”. La
Inteligencia Emocional es una idea cuyo tiempo ha llegado. La publicación del
libro de Daniel Goleman, “LA INTELIGENCIA EMOCIONAL”, se convirtió rápidamente
en un gran éxito editorial, en un fenómeno de masas, y lo mismo sucedió con
otras publicaciones posteriores, tales como el “EL PUNTO CIEGO” y “LA PRÁCTICA
DE LA INTELIGENCIA EMOCIONAL”. Y sin embargo, la obra de Goleman no dice nada
nuevo. En concreto sostiene que la inteligencia medida tradicionalmente (a
través del cociente intelectual) no correlaciona con el éxito profesional.
Según este autor las características que apoyan el constructo de Inteligencia Emocional
tienen que ver más con la capacidad para motivarse a sí mismo, con las
expectativas que se poseen, con la persistencia en las frustraciones, con la
autorregulación de los impulsos y del saber esperar, que con los índices
académicos o profesionales que obtenga la persona.
El modelo que nos presenta Goleman
ya fue comentado por Lipman en los años 20 y, posteriormente, por McClelland en
1973. También Gardner, creador del concepto de inteligencias múltiples en 1980,
se refiere a la Inteligencia Emocional cuando habla de las inteligencias
intrapersonal (gestión de uno mismo: autocontrol, autoconfianza y
perseverancia) e interpersonal (gestión de las relaciones con otros: empatía y
capacidad de ilusionar a otros). En 1986, Sternberg, introduce el concepto de
inteligencia social. Salovey y Mayer, en 1990, hablan por primera vez de cinco
dominios de la Inteligencia Emocional (autocontrol, autoconfianza,
persistencia, empatía y domino de las relaciones). Posteriormente Spencer,
siguiendo la línea de McClelland, cita cinco competencias (autocontrol, autoconfianza, orientación al logro,
comprensión interpersonal e impacto e influencia. Finalmente Goleman, en 1995,
se refiere a cinco dimensiones emocionales: autoconciencia, autocontrol,
autorregulación, empatía y habilidades sociales.
Como puede observarse todas las
aportaciones anteriores están muy relacionadas pues las tres competencias de la
inteligencia intrapersonal están ligadas a la motivación por el logro, y las
dos competencias de la inteligencia interpersonal lo están a los motivos de
afiliación y poder social.
Entonces, si la aportación de
Goleman no dice nada nuevo, ¿por qué el inusitado interés hacia la Inteligencia
Emocional en los últimos años? Se dan tres circunstancias clave que convierten
la Inteligencia Emocional en asunto de suma importancia:
Ø En primer lugar, hoy sabemos que el
cociente intelectual es genético; los estudios realizados sobre gemelos
idénticos separados a temprana edad evidencian un CI similar.
Ø En segundo lugar, estamos viviendo
en una sociedad de múltiples opciones, que permite todo tipo de elección. Hemos
pasado de la sociedad del logro a la sociedad del bienestar, de evitar los
problemas. El resultado es lo que Seligman ha llamado “la epidemia de la
depresión” (en Estados Unidos, un tercio de los niños de 13 años tienen
síntomas depresivos). Vivimos en una sociedad emocionalmente destrozada.
Ø En tercer lugar, la intensidad
competitiva obliga a contar en las organizaciones con los mejores. Los mejores
son, por encima de genios intelectuales, personas emocionalmente dotadas.
Además,
cabe considerar las siguientes cuestiones previas:
Ø
Personas
con bajo CI obtienen buenos resultados tanto a nivel escolar como profesional.
Ø
Personas
con alta cualificación académica no logran alcanzar los objetivos de éxito que
se plantean.
Ø
Las
inteligencias racional y emocional se complementan
Ø
La
Inteligencia Emocional se aprende.
Los avances tecnológicos recientes, en
concreto los estudios de resonancia magnética con positrones, permiten afirmar que las emociones se ubican en partes
específicas del sistema cerebral, lo que permite aseverar que los disparos
emocionales (rabia, dolor, tristeza, alegría, enamoramiento) y sus
consecuencias pueden ser modificados si el individuo entra en un plan de
trabajo para organizar y optimizar su funcionamiento emocional.
De estas experiencias nace el concepto
de cerebro emocional o sistema límbico, criterio que asocia diferentes partes
del sistema cerebral (amígdala, hipotálamo, hipocampo y tálamo) y cuyo funcionamiento
conjunto da una nueva dimensión a la inteligencia desde el punto de vista de
cerebro emocional, bastante diferente al denominado cerebro racional o cerebro
inteligente.
Según
Mayer y Geher, la Inteligencia Emocional es la habilidad para:
Ø
percibir, expresar y valorar con
exactitud las emociones,
Ø
generar sentimientos que faciliten
el pensamiento,
Ø
entender las emociones y el
conocimiento emocional,
Ø
regular, reflexivamente, las
conductas emocionales de tal manera que favorezcan el crecimiento intelectual y
emocional.
Esta definición, según los autores,
enfatiza en que la emoción hace pensar más inteligentemente y que uno puede
pensar inteligentemente sobre la vida emocional. La información derivada de las
experiencias emocionales ayuda a solucionar eficazmente los problemas y a
lograr una mejor adaptación de la conducta afectiva.
.
4
Las emociones
Existe una gran
controversia a la hora de “etiquetar” lo que sentimos, en concreto acerca de la
diferencia entre las emociones y los sentimientos.
Lo que
sentimos es para nosotros una fuente de información interna que
guarda relación con la satisfacción o no de las necesidades y deseos,
en la situación en la que nos encontramos en un momento dado. Las emociones nos movilizan y nos informan, y cuando se
integran con la razón, nos hacen más sabios de lo que somos cuando utilizamos
sólo nuestro intelecto. Las emociones proporcionan una fuente rica de
información sobre nuestras reacciones ante las situaciones.
Por
ello es muy importante: sentir (S) y darnos cuenta de lo que sentimos (P).
Cuando
sentimos algo, se moviliza una gran cantidad de energía física y psicológica,
que experimentamos algunas veces como tensión, y que el organismo pone a
nuestra disposición para realizar las acciones (C) oportunas con el fin
de reducir la tensión física y emocional.
Reconocer
(P) y expresar (C) lo que sentimos (S) nos permite
conocernos mejor a nosotros mismos y a los demás, mejorando notablemente la
comunicación.
¿QUÉ SENTIMOS?
![]()
SENSACIONES → guardan
relación con el cuerpo
EMOCIONES → guardan
relación con las situaciones
SENTIMIENTOS → guardan relación con las personas
SENSACIONES
Las sensaciones son corporales. Por ejemplo: frío,
calor, sueño, hambre, sed, cansancio, tensión, relajación, sofocación, dolor,
...
EMOCIONES
Las emociones las
sentimos al tomar conciencia de la situación
en la que nos encontramos.
Etimológicamente, la palabra emoción
proviene de la raíz latina movere (mover), y el prefijo e, ex-movere (mover hacia fuera), es decir,
“aquello que pone en movimiento”. La emoción está relacionada con la acción.
Las emociones nos ponen en movimiento, nos hacen actuar. Las emociones son el resultado de la combinación de procesos
afectivos e intelectuales.
Las emociones surgen habitualmente
como respuesta a un acontecimiento externo o interno que provoca en el
organismo un estado de excitación o perturbación que lo predispone a dar una
respuesta.
La emoción es algo
innato: desde su nacimiento todos los individuos la poseen, y cada una de las
cuatro emociones básicas es una constante en nuestra constitución, aunque
eventualmente podamos mantener callada alguna de dichas emociones, no las
podremos erradicar de nuestro ser. Las emociones son necesariamente positivas,
puesto que hasta la rabia, el miedo o la tristeza aseguran nuestra
supervivencia y adaptación frente a los problemas de la existencia; claro
está, siempre y cuando las expresemos.
Las emociones se clasifican en primarias
o básicas, que son las que estarían programadas genéticamente, es decir,
son innatas; y secundarias, que serían producto del aprendizaje.
Las emociones primarias son cuatro
ALEGRÍA
– TRISTEZA – RABIA – MIEDO
que serían las que desempeñarían un papel fundamental en el
mantenimiento de la supervivencia.
ALEGRÍA

TRISTEZA

RABIA

MIEDO
EMOCIÓN QUE VIVENCIAMOS CUANDO SE PERCIBE UNA AMENAZA: ► OBJETIVAMENTE: MIEDO
NATURAL (protege: llamada de alerta que moviliza la energía para huir del peligro o de
la amenaza). ► SUBJETIVAMENTE: MIEDO
NO NATURAL (bloquea)
![]()
SENTIMIENTOS
Los sentimientos guardan
relación con las personas.
El sentimiento es algo
que nuestra personalidad aprende, el resultado de la cristalización y elaboración
de varias emociones. En este paso de elemento simple a elaborado, el
sentimiento pierde su carácter necesariamente positivo. Un determinado
sentimiento puede ser negativo (los celos, el odio), y expresado tal cual no
cambiará nada. Si las emociones son universales, la composición y el espectro
de un sentimiento varía de un individuo a otro (se puede no conocer el sentimiento
de los celos, o poseer poca capacidad de compasión...).
Al
aceptar los sentimientos, es importante poder reconocer que, aunque mejoran la
preparación para actuar, no son conductas. Así, sentirse enfadado o molesto no
es lo mismo que ser agresivo. Los sentimientos implican que uno experimenta
sensorialmente y se organiza para acciones concretas, mientras que resolver implica
que uno actúa en el mundo. Los sentimientos constituyen una experiencia
subjetiva; las conductas son externas y están sujetas a la regulación social.
Los problemas emergen cuando se confunden sentimientos y conductas. Cuando las
personas intentan hacer que sean sus sentimientos y no sus conductas las que se
conformen según las normas sociales, es cuando comienzan a quedar envueltos en automanipulaciones y
autocoerciones que no son saludables.
Para que las personas puedan negociar con los sentimientos no deseados,
en lugar de tratar de controlarlos, necesitan llegar a ser conscientes de
aquello que están haciendo y que les mantiene atascados en un mismo
sentimiento, de cómo están interrumpiendo el proceso natural de surgimiento y
terminación.
Así,
son sentimientos, por ejemplo: amor, odio, compasión, gratitud, respeto,
admiración, confianza, esperanza, orgullo, altruismo, desprecio, celos, pena,
duelo, ...
Uno e los problemas emocionales
más comunes es la dificultad para nombrar lo que se siente (alexitimia). Para
identificar lo que sentimos en un momento dado resulta muy útil el siguiente mapa.
|
F R U S T R A C I Ó N |
|
SENTIMIENTOS |
|
S A T I S F A C C I Ó N |
|
|
ODIO DESPRECIO ENVIDIA – CELOS CULPA VERGÜENZA |
AMOR ADMIRACIÓN RESPETO ORGULLO |
||||
|
ESTADOS DE ÁNIMO |
|||||
|
BAJO DEPRIMIDO PESIMISTA |
ALTO EUFÓRICO OPTIMISTA |
||||
|
EMOCIONES |
|||||
|
TRISTEZA RABIA MIEDO |
ALEGRÍA |
||||
|
SENSACIONES |
|||||
|
DOLOR TENSIÓN ASCO |
PLACER RELAJACIÓN GUSTO |
||||
|
IMPULSOS – NECESIDADES – DESEOS |
|||||
La frustración se siente cuando no se tiene cubierta una necesidad o
no se ha cumplido un deseo o una ilusión. Va acompañada de sensaciones,
emociones, estados de ánimo y sentimientos desagradables. La satisfacción se siente en caso
contrario.
Las
emociones (los sentimientos) se caracterizan por los siguientes aspectos
básicos:

1 LAS
EMOCIONES NOS ORGANIZAN PARA LA ACCIÓN
Las emociones regulan el funcionamiento mental, organizando tanto el
pensamiento como la acción. Establecen las metas que nos son prioritarias y nos
organizan para llevar a cabo ciertas acciones concretas.
Por otra parte, los centros emocionales del cerebro reciben y procesan la
información de entrada antes de que lo hagan los centros responsables de la
toma de decisiones y planificación, los cuales, para el momento en que procesan
esta misma información, ya han sido orientados de un modo concreto a partir de
la información que aportan los centros emocionales.
Esencialmente, lo afectivo establece los problemas para que los resuelva
lo cognitivo. La emoción tiene que ver fundamentalmente con la motivación y la
acción, mientras que la cognición está relacionada con el conocimiento y
conlleva el análisis de la situación y
la decisión de la acción.
Necesitamos de la emoción, para que nos diga qué es lo que nos está
afectando y para que establezca la meta de modo que podamos alcanzarla, y
necesitamos de la cognición para que nos ayude a darle un sentido a nuestra
experiencia, así como de la razón para ayudarnos a imaginar el mejor modo de
cómo podemos alcanzar la meta, o podemos satisfacer nuestro interés en nuestro
contexto cultural concreto.
2 LAS
EMOCIONES SON FUNDAMENTALMENTE ADAPTATIVAS
Las emociones no son ni racionales ni irracionales, son adaptativas. Se
trata de señales internas que nos dirigen para poder mantenernos vivos. En
comparación con la cognición, la emoción constituye un sistema biológicamente
más antiguo, de acción rápida y adaptativa, un sistema destinado a mejorar la
supervivencia.
Una de las funciones más importantes de la emoción es la de conectar
nuestra naturaleza biológica con el mundo en el que está inmersa. Las emociones
responden rápidamente ante aquellas cosas que tienen que ver realmente con la
supervivencia.
Las emociones regulan nuestra atención, controlan el entorno, buscan los
acontecimientos que son relevantes para la adaptación y alertan a nuestra
conciencia cuando estos se producen (el miedo nos advierte del peligro, el asco
nos aleja de lo putrefacto, la compasión nos capacita para responder al dolor
del otro, ...) las diferentes emociones nos alertan ante cosas distintas y
sirven de modo distinto para diferentes funciones.
La función adaptativa de las emociones se entiende mejor cuando
observamos las diferencias entre las llamadas emociones positivas y negativas.
Las emociones vivenciadas positivamente son cruciales a la hora de
motivar la conducta. El interés y la curiosidad constituyen elementos
esenciales que promueven la exploración y producción de conductas nuevas, y
constituyen un aspecto esencial de nuestro organismo adaptativo como ser
orientado hacia el crecimiento.
La alegría y la felicidad son el resultado tanto del contacto con una
figura hacia la que nos sentimos vinculados como de la sensación de eficacia y
sirven también para mantener el organismo proactivo, buscando continuamente
vínculos y dominios sobre la situación.
Por contraste con el pequeño número de emociones positivas básicas existe
un amplio repertorio de emociones negativas. Sentimientos tales como miedo,
desesperación, enfado, vergüenza y repugnancia, nos afectan, pero nadie
confundiría unos con otros. Parece que hemos desarrollado más y más emociones
negativas y una mayor diferenciación entre ellas como un modo de ayuda en
nuestra búsqueda de la supervivencia. Cada una posee su propia tendencia de
acción (el enfado nos impulsa a enfrentarnos con nuestro antagonista y, en
situaciones extremas, queremos golpear o atacar al objeto de nuestra furia;
cuando sentimos miedo nos alejamos de aquello que sentimos como amenazante y
queremos escapar de ello; la tristeza hace que nos cerremos y queramos
escondernos y aislarnos del mundo).
3 LAS
EMOCIONES INFLUYEN EN EL PENSAMIENTO Y LA MEMORIA
Las emociones ejercen una influencia poderosa sobre la razón y pueden
mejorar o empeorar el razonamiento o la toma de decisiones.
El sistema emocional nos proporciona sentimientos viscerales acerca de
las cosas que nos sirven de guía. Estos sentimientos nos ayudan, también, a
focalizar nuestra atención en posibilidades que puedan resultar negativas, y
nos proporcionan respuestas inmediatas que nos alejan de ellos. El análisis
racional sigue a continuación, pero solo después que la valoración afectiva ha
reducido rápidamente las opciones. Esto aumenta la precisión y eficacia en la
toma de decisiones.
Las personas que tratan de resolver intelectualmente conflictos de toma
de decisiones, sin atender sus preferencias sentidas, dan vueltas y vueltas en
el tío vivo de los pros y los contras, incapaces de decidir. Atender a los
pensamientos viscerales da cuerpo a las posibles opciones, y estos tienen que
ser atendidos para que pueda cristalizar la toma de una decisión o emerger un
nuevo significado.
4 LAS
EMOCIONES MOTIVAN
Las respuestas emocionales, a través de sus componentes fisiológicos y su
tendencia a la acción, preparan y motivan a las personas para poder
relacionarse con los acontecimientos que elicitan dichas emociones. Además las
emociones están, a menudo, tratando de obtener sus propias recompensas, motivan
conductas que incrementan la probabilidad de ocurrencia de otras que producen
ciertos estados emocionales.
El miedo, como ya hemos dicho, es aversivo y motiva hacia el escape o la
evitación al mismo tiempo que nos provee de respuestas motoras y fisiológicas
que nos capacitan para soportar la huida. La alegría es placentera, al mismo
tiempo que nos proporciona las respuestas fisiológicas y motoras que nos
permiten abrirnos y aproximarnos.
Sin embargo, vivir en el presente, prestando atención a nuestra
sensaciones sentidas acerca de lo que es bueno para nosotros no es lo mismo que
vivir para el presente, que implica simplemente hacer aquello que nos
hace sentir bien, sin tener en cuenta las consecuencias.
5 LAS
EMOCIONES NOS INFORMAN
Las emociones nos proporcionan información acerca de nuestras reacciones
ante las situaciones. Las emociones están ahí para decirnos cómo estamos
reaccionando frente a las situaciones.
Por ejemplo, resulta importante darnos cuenta de que estamos sintiéndonos
asustados y que nos estamos organizando para huir. Así, una persona que se siente enfadada y
expresa “estoy enfadado porque esto es injusto” comienza a aclarar que se está
sintiendo injustamente tratada y que desea un intercambio justo.
6 LAS
EMOCIONES COMUNICAN
Las emociones proporcionan información a los demás sobre nuestras
intenciones y nuestra disponibilidad para actuar.
En las relaciones interpersonales, la emisión y lectura constante de
estados emocionales, especialmente a través de la expresión facial, informa y
regula en gran medida la interacción.
Si las personas cambian emocionalmente en su interior, esto se
manifestará al exterior y los demás les tratarán de modo diferente. En efecto,
si se sienten mas seguros, serán capaces de expresarse mas asertivamente a sí
mismos, y si están menos asustados, serán mas capaces de conseguir trabajos y
ser tratados con mayor respeto.